¿Por qué decidió aceptar una entrevista?

- Porque quería experimentar en carne propia uno de los géneros que más disfruto como lectora, me gusta leer diarios, autobiografías, autoentrevistas, consejos... siento especial predilección por las entrevistas inventadas. La que encuentro más divertida -por candorosa- es la de Ricardo Cano Gaviria, apareció en la revista Gaceta hace como veinte años; él decidió autoentrevistarse porque ningún periodista o crítico le hubiera podido preguntar lo que él quería responder.

¿Cuál fue la entrevista que la llevó a autoentrevistarse?

Anoche leí una entrevista muy divertida, es una de las notas en Facebook de Efraim Médina, el poeta invitado es muy franco, tanto como Flaubert, Chandler o Serner. Su estilo es muy particular, no tiene la elegancia de estos eruditos pero termina diciendo las mismas verdades.

¿Aceptaría ser entrevistada por un periodista o un crítico?

No

¿Por qué?

Porque las entrevistas casi siempre son una conversación entre amigos, una relación entre amo y esclavo, o entre juez y acusado, ninguna de la tres situaciones me divierte. El tipo de entrevista más insoportable y más frecuente -en círculos eruditos- es la conversación entre dos amigos que leen los mismos libros, frecuentan los mismos restaurantes, viajan a los mismos sitios, se admiran mutuamente, los chistes que más aprecian tienen tintes eruditos y se ríen de manera similar, precisamente porque se han embarcado en gustos similares.

¿Cuáles son las preguntas que no respondería?

No me gustaría hablar de temas poéticos como el mar, la noche, las puestas de sol, caminar descalza sobre la hierba o la arena húmeda, los clásicos, Bethoven, los claros de luna, el vino, el café o el amor. Tampoco me gustaría hablar sobre temas sociales: los caminos para lograr la paz de Colombia, la izquierda y la derecha, la infancia, la pobreza, la situación de los desplazados, el nuevo latifundio. No me gustaría tomar posición sobre los premios literarios, los concursos, los jurados, el estado actual de la literatura colombiana, el canon, la inexistencia de críticos literarios, la literatura comprometida, la literatura oral, la literatura femenina, Héctor Abad Faciolince, su estrategia como vendedor de libros, su manera feliz de ver y vivir la vida y su posicionamiento como Maestro de las futuras generaciones de escritores colombianos.

¿Usted está suscrita a la revista Semana, Enter, Número, Aló y El Malpensante, por qué estos gustos tan diversos?

Porque me gustan los contrastes, me gusta leer las entrevistas de María Isabel Rueda y el Iceberg de Andrés Hoyos; la entrevista de la periodista a la madre de Lucho Garzón en contraste con la aventura de Andrés Hoyos en La Cabrera con su camioneta y su ipod. Leer este tipo de textos produce tanta repulsión que le evita a uno tener disputas serias con personas de la vida cotidiana, creo que es más inteligente enfurecerse con una persona que nunca va a saber que quien lo desprecia existe que insultar a mi vecina porque no encuentro otra manera de equilibrar mis estados de ánimo.

Usted tiene cuatro blogs, seis cuentas de correo, le gusta el msn, está en Facebook, estuvo en genteloca y le gusta chatear para luego encontrarse personalmente con estos desconocidos. ¿No le parece que el tiempo vale mucho como para perderlo en estas banalidades?

Además de leer las revista a las que estoy suscrita, leo entre seis y siete libros mensuales, veo entre tres y cuatro películas semanales, escribo, hago dos visitas semanales de medio día sin falta durante el año, trabajo 17 horas semanales remuneradas y duermo en la tardes. El tiempo que me queda libre lo dedico a la virtualidad, prefiero relacionarme con personas a través de este medio que a través de la tertulia, he viajado a través del alma de mis congéneres de manera más afectiva a través de internet que del trato contidiano con 50 amigos que siempre me encuentran silenciosa y prevenida.